Lanzarote, España
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Lanzarote, España

Agosto 2025

Una isla nacida del fuego, con tantos paisajes distintos que a veces cuesta creer que quepan en un mismo lugar. Volcanes y tierra negra, playas abiertas al viento, pueblos blancos y un mar que lo envuelve todo. Este es mi recorrido por Lanzarote, contado por zonas y a través de lo que fui viendo por el camino.

Timanfaya y la costa volcánica

Lanzarote es una isla nacida del fuego, y es aquí donde ese origen se siente con más fuerza. En el Parque Nacional de Timanfaya el paisaje deja de parecer terrestre: volcanes dormidos, cráteres y ríos de lava petrificada que se extienden hasta donde alcanza la vista.

Muy cerca, la Laguna Verde rompe con todo. Una pequeña laguna de un verde intenso encajada entre la arena negra y el océano, como si alguien hubiera dejado caer color sobre un mundo en blanco y negro.

Y en Los Hervideros el mar toma el mando: la lava se precipita hacia el Atlántico y el agua entra y sale entre cuevas y acantilados, recordándote que la isla todavía se está haciendo.

En Los Hervideros con el agua turquesa y un volcán rojizo al fondo
Junto al cartel del Parque Nacional de Timanfaya
Mirando la Laguna Verde de El Golfo
Selfie en los acantilados de Los Hervideros
Paseo en camello en Timanfaya
Con el perrito frente al cartel de Timanfaya
La Laguna Verde y la playa de arena negra desde arriba
Sobre la lava mirando un cono volcánico rojo

Playa Blanca

En el sur, Lanzarote respira de otra manera. Playa Blanca tiene el ritmo tranquilo de un pueblo de mar: paseos junto al agua, calas de arena clara y esa luz que invita a no hacer nada.

Me gustó especialmente el contraste entre la playa y el puerto deportivo, donde el ambiente cambia por completo. Barcos amarrados, terrazas, gente yendo y viniendo y el trajín cotidiano de un puerto.

Es la cara más luminosa y relajada de la isla, justo lo contrario de la tierra negra de Timanfaya.

Sentada en la roca con el Castillo de las Coloradas al atardecer
De noche en la pasarela iluminada de Marina Rubicón
Sobre las rocas junto a las charcas de marea y los acantilados rojizos
Apoyada en la barandilla de la pasarela iluminada por la noche
Abrazando al perrito en la roca con el Castillo de las Coloradas detrás
Junto a la piscina del resort rodeada de palmeras
Atardecer dorado en el puerto deportivo entre veleros
De noche en la pasarela iluminada del puerto, vestido blanco

La Graciosa

Cruzar El Río hasta La Graciosa es como cambiar de mundo sin apenas moverse. Aquí no hay asfalto: solo caminos de tierra, arena, algún volcán al fondo y un silencio que se agradece.

Es de esos lugares donde el paisaje manda y todo lo demás pasa a un segundo plano. Se camina despacio, se mira más y se piensa en poco.

Me quedo con esa sensación de desconexión, de estar en una isla dentro de otra isla, donde el tiempo parece ir a otro ritmo.

Mirando la Playa de las Conchas, con dunas doradas y mar turquesa
Junto a las barcas de pesca varadas en la arena de Caleta del Sebo
Sobre la arena frente a un arco de lava sobre el mar
Paseando por la arena con Montaña Clara al fondo
En el ferry mirando por la ventana los acantilados del Risco de Famara
Caminando con el perrito hacia la iglesia blanca de Caleta del Sebo

Playa de Famara

Famara es de esos sitios que se te quedan dentro. La playa se abre inmensa al pie de los acantilados, con el viento siempre presente y el océano rompiendo sin descanso.

No es una playa para tumbarse a tomar el sol, es una playa para mirar. Arena, agua y montaña en una misma imagen, con esa sensación de amplitud que cuesta encontrar en otros sitios.

Uno de los paisajes más salvajes y reconocibles de toda la isla.

Sobre una roca de lava mirando la playa y el Risco de Famara
Sentada con el perrito sobre una roca, con los acantilados y las olas detrás
De perfil abrazando al perrito con la pared del Risco de Famara al fondo
De espaldas en la arena mirando el pueblo de Famara bajo la montaña

Telamón

Frente a la costa de Arrecife hay un barco que ya forma parte del paisaje. El Telamón, un viejo mercante que quedó encallado y que el tiempo y el mar han ido convirtiendo en otra cosa.

Su estructura oxidada recortada contra el océano tiene algo magnético, un punto de abandono y de belleza a la vez.

Detrás guarda una historia que iré completando más adelante, sin prisa por resumir en una línea lo que merece contarse bien.

Sentada en una roca de lava mirando el pecio oxidado del Telamón en el agua turquesa
Dentro del agua transparente, de perfil, con el Telamón al fondo
En la orilla levantando el brazo, con el Telamón y el puerto de Arrecife detrás

Sabores de Lanzarote

Viajar también es comer, y en Lanzarote la cocina habla del mar y de la tierra por igual. Sabores sencillos, sin artificios, hechos con lo que da la isla.

Pescado fresco como la vieja, lapas, unas buenas papas arrugadas con mojo, arroces y pequeños productos locales que resumen muy bien lo que es comer en Canarias.

No busco aquí una guía de restaurantes, sino esos platos que se quedan en la memoria y que forman parte del viaje tanto como los paisajes.

Arroz meloso y arroz negro con calamares y alioli en dos paelleras
Pescado fresco a la plancha con papas arrugadas y ensalada, y espaguetis con marisco
Vista del puerto de Caleta del Sebo desde la terraza de un restaurante, con el Risco de Famara al fondo
Desayuno completo en la terraza del hotel con piscina y palmeras al fondo
Desayuno buffet completo en el restaurante del hotel
Brindando con una caña de cerveza bien fría por la noche

Rincones de Lanzarote

Hay lugares que no encajan en ninguna ruta concreta pero que cuentan mucho de una isla. Esta es una pequeña colección de rincones que me fui encontrando por el camino.

Arquitectura, calles, casas blancas, paisajes y algún que otro lugar con el sello inconfundible de César Manrique.

Prefiero no enumerarlos todos: dejo que sean las fotografías las que cuenten cada pequeño descubrimiento.

Acariciando a los camellos junto a la valla al atardecer
Subiendo unas escaleras encaladas en un jardín de cactus con casas blancas y buganvillas
Sobre las capas de roca de Las Grietas con el perrito y el paisaje árido al fondo
Caminando por el estrecho desfiladero de roca volcánica de Las Grietas
Selfie sobre la roca volcánica con camiseta blanca
Sentada en la escultura de bronce del barbero, con pared blanca y ventanas verdes
Selfie con el pelo al viento sobre la lava oscura
Selfie dentro del desfiladero apoyada en las paredes de roca estratificada